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Apps de productividad sin suscripción cara

Una suscripción no es cara ni barata por su cifra: lo es por lo que hay detrás. Casi todo lo que pagas cada año va a servidores y a equipo, no al programa que usas.

Actualizado el

La cuenta que casi nadie hace

Merece la pena sumar una vez lo que cuesta tu escritorio de productividad al año. Una app de tareas, una de notas, una de hábitos, quizá una de calendario. Cada una entre cinco y diez euros al mes parece poco; las cuatro juntas se van fácilmente por encima de los doscientos euros anuales.

No hay nada escandaloso en eso: es software que usas todos los días y que alguien mantiene. Pero es una cifra que casi nadie ha calculado, porque las suscripciones están diseñadas para no notarse. Se cobran solas, en meses distintos, en importes pequeños.

La pregunta útil no es «¿es caro?». Es «¿qué estoy pagando exactamente?».

Por qué casi todo pasó a suscripción

No fue una conspiración, fue aritmética.

Una app se vendía una vez y había que mantenerla para siempre. Cada año, el sistema operativo cambia: nuevas pantallas, nuevos permisos, funciones que se retiran, un lenguaje que evoluciona. Mantener una app al día cuesta trabajo continuo, y un pago único financia trabajo continuo exactamente durante cero años.

Las tiendas de aplicaciones tampoco ayudaron: durante mucho tiempo no hubo forma de cobrar por una actualización mayor. Sólo quedaban dos salidas —publicar una app nueva cada dos años, o la suscripción— y ganó la suscripción.

Así que la suscripción, en sí, no es el problema. El problema es cuando no se corresponde con nada.

Qué estás pagando en realidad

Cuando una cuota es alta, el dinero casi nunca se va en «más funciones». Se va en tres sitios.

Servidores. Si la app sincroniza por una cuenta propia, guarda tus archivos, permite colaboración en tiempo real o tiene una versión web, hay máquinas encendidas todos los días del año. Ese coste crece con cada usuario y no baja nunca. Es, con diferencia, la partida más grande.

Equipo. Diseño, desarrollo, soporte, marketing, administración. Una empresa de treinta personas necesita facturar bastante más que una de tres, y eso aparece en el precio aunque el producto sea parecido.

Captación. Publicidad, patrocinios, programas de afiliados, descuentos permanentes. En algunos sectores del software de consumo, conseguir un cliente cuesta más que servirlo durante un año.

Nada de eso es ilegítimo. Pero conviene saber que, en una cuota alta, la parte que corresponde al programa que tienes en la mano suele ser la más pequeña.

Cuándo la suscripción cara está justificada

Hay casos claros en los que pagar más es lo sensato, y decirlo es de justicia.

Si trabajas en equipo y necesitáis ver los mismos proyectos a la vez, alguien tiene que mantener esa infraestructura. Si dependes de integraciones con veinte servicios externos, cada una hay que mantenerla cuando el otro cambia su API. Si necesitas soporte con respuesta rápida o garantías contractuales, eso son personas. Y si la herramienta te hace ganar dinero, discutir cien euros al año es perder el tiempo.

La suscripción cara se vuelve mala compra cuando pagas por una infraestructura que no usas: sincronización en la nube de terceros para un solo usuario, colaboración para una persona, una versión web que nunca abres.

Cinco preguntas antes de suscribirte

Sirven para cualquier app, incluida la nuestra.

  1. ¿Qué parte de esta cuota es infraestructura que yo uso? Si la app sincroniza por tu propia cuenta de iCloud y no tiene web ni colaboración, la respuesta honesta es «poca».
  2. ¿Qué pasa con mis datos si dejo de pagar? ¿Los sigo viendo? ¿Los puedo exportar? ¿En un formato que sirva en otro sitio, o en uno inventado?
  3. ¿Cuánto dura la prueba, y es una prueba de verdad? Siete días no bastan para saber si un sistema de organización encaja contigo: los sistemas se juzgan cuando llega una semana mala, y eso tarda más de siete días en pasar.
  4. ¿El precio da para mantener la app? Un precio insosteniblemente bajo tampoco es una buena noticia: significa que o sube, o la app se abandona.
  5. ¿Qué se lleva de mí además del dinero? Analítica de uso, identificadores de publicidad, datos cedidos a terceros. Una app «barata» que se financia con tus datos no es barata; es que pagas en otra moneda.

La cuenta de WOPR, por si sirve de referencia

Podemos poner Olena a 4,99 € al año porque los gastos del estudio son muy bajos, y eso no es un truco: es una consecuencia de decisiones concretas.

No hay servidores. Tus datos viven en el dispositivo y se sincronizan por tu contenedor privado de iCloud, que ya pagas tú a Apple. Sin servidores no hay factura mensual de infraestructura, que es la partida que empuja hacia arriba casi todas las cuotas altas.

No hay analítica ni terceros. No hay nada que recopilar, así que no hay nada que mantener, ni que auditar, ni que explicar.

El estudio es pequeño. Un equipo con gastos muy bajos puede hacer cosas grandes y cobrar poco por ellas, porque no tiene que sostener una estructura antes de sostener un producto.

Y la prueba dura 365 días, precisamente por lo que decíamos en la tercera pregunta: un año incluye tus semanas malas, tus vacaciones y tu enero. Si después de eso no lo usas, no deberías pagarlo.

Lo que no encontrarás en Olena es colaboración, tableros compartidos ni versión web. No por falta de tiempo: es la otra cara exacta de no tener servidores. Si necesitas esas cosas, hay apps del mercado que las hacen muy bien y que cuestan lo que cuesta hacerlas.

Preguntas frecuentes

¿Las apps de pago único no son siempre mejor negocio?

Para el comprador, a corto plazo, sí. El problema es que el pago único no financia el mantenimiento, y cada versión mayor del sistema operativo obliga a rehacer cosas. Muchas apps de pago único acaban abandonadas o cobrando por versión, que es una suscripción con peor nombre.

¿Por qué unas cuestan cinco euros al año y otras más de cien?

Casi siempre por los servidores y el tamaño del equipo, no por la cantidad de funciones. Sincronizar por una cuenta propia, alojar archivos, permitir colaboración en tiempo real y dar soporte cuesta dinero todos los meses, y ese coste tiene que salir de la cuota.

¿Qué pasa con mis datos si dejo de pagar?

Depende del modelo, y es la pregunta que menos se hace. Con datos en tu dispositivo lo normal es que sigas viéndolos aunque pierdas la capacidad de editar. Con datos en un servidor ajeno, dejar de pagar puede significar perder el acceso; conviene comprobarlo antes, no después.

¿Una app muy barata no será peor o durará poco?

No hay relación directa. Un precio bajo puede venir de tener gastos bajos —sin servidores, sin oficina, sin equipo comercial— y no de recortar en el producto. Lo que sí conviene mirar es si el precio da para mantenerla: cinco euros al año por muchos usuarios es sostenible; cinco euros al año por veinte usuarios, no.