Cómo funciona Olena sin servidores
«No tenemos servidores» suena a eslogan. Es una decisión de arquitectura con consecuencias concretas, buenas y malas, y se puede comprobar desde fuera sin fiarte de nosotros.
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Qué significa exactamente «sin servidores»
Es una frase que se usa mucho y casi siempre mal, así que conviene concretar. Significa tres cosas, y sólo las tres juntas cuentan.
No hay una base de datos del estudio con tus tareas dentro. No hay una tabla usuarios,
ni una tabla tareas, ni una copia de tu inbox en ninguna máquina que controlemos.
No hay cuenta que crear. No hay registro, ni contraseña, ni correo de verificación, porque no hay nada a lo que dar acceso. La app no sabe quién eres, y no es una postura: es que no hay dónde apuntarlo.
No hay peticiones de red hacia nosotros. Ni analítica, ni telemetría, ni comprobación de licencia contra un servidor propio, ni informes de fallos con identificador de usuario.
Lo que sí hay son los servicios de Apple, que ya usas: iCloud para la sincronización y el App Store para el cobro. Esa distinción es la importante y la que casi nadie explica.
Dónde viven los datos
En el dispositivo, en una base de datos local. Cuando abres la app, todo lo que ves sale de ahí; no hay ninguna pantalla que espere a una respuesta de la red para pintarse.
Eso tiene un efecto secundario que se nota más de lo que parece: la app va igual de rápida en el tren, en un valle sin cobertura o con el móvil en modo avión. No hay estados de carga, no hay ruedecitas, no hay «reintentar». La velocidad de una app local no es una optimización, es una consecuencia de dónde están los datos.
Los eventos del calendario son un caso aparte y merece la pena decirlo claro: no se copian. Se leen del calendario del sistema cada vez que hacen falta, con el permiso que concedes en los ajustes de iOS. Olena no guarda tu agenda; la mira.
Cómo sincroniza entonces
Por tu contenedor privado de iCloud. Es la parte que a más gente le chirría, así que va despacio.
iCloud ofrece dos tipos de almacenamiento a las apps. Uno es la base de datos pública, donde el fabricante guarda cosas comunes a todos los usuarios y a la que sí tiene acceso. El otro es el contenedor privado: un espacio dentro de tu cuenta de iCloud, ligado a tu Apple Account, al que el fabricante de la app no puede entrar. No es una promesa nuestra; es cómo está construido el sistema, y lo impone Apple, no nosotros.
Olena usa el segundo. Tus tareas viajan del iPhone al iPad por tu cuenta, con el cifrado y la infraestructura de Apple, y el estudio no tiene ninguna llave. Si mañana quisiéramos mirar tus datos —no queremos— no tendríamos por dónde empezar.
El espacio que ocupa cuenta contra tu cuota de iCloud, no contra una nuestra. En una app de tareas hablamos de kilobytes: son textos, fechas y referencias, no archivos.
Qué pasa cuando no hay red
Todo sigue funcionando: crear, editar, completar, planificar, revisar. Los cambios se guardan en local y se propagan cuando vuelve la conexión.
Cuando dos dispositivos han cambiado lo mismo estando desconectados hay que decidir qué gana, y aquí conviene ser honesto: sin servidor propio, esa decisión la resuelve el sistema de sincronización de Apple con sus reglas, no con reglas nuestras a medida. Para tareas y proyectos —donde los cambios suelen ser en campos distintos y desde un solo dispositivo a la vez— funciona bien. Para un documento que dos personas editan a la vez sería insuficiente, y por eso Olena no es esa clase de app.
Lo que esta arquitectura te quita
Ninguna decisión de arquitectura es gratis, y las que se venden como puras ventajas suelen estar mal contadas. Ésta te quita cosas concretas.
No hay colaboración. Ni proyectos compartidos, ni asignar tareas a otra persona, ni ver en qué anda tu equipo. Compartir de verdad exige un sitio común, y un sitio común es un servidor.
No hay versión web. No puedes abrir tus tareas desde el ordenador del trabajo o desde un navegador prestado. Si eso es innegociable para ti, ésta no es tu app y es mejor saberlo antes.
No hay integraciones con servicios externos. Nada de conectar con herramientas de terceros que requieran mantener credenciales en algún sitio.
Y no podemos arreglar tus datos a distancia. Si algo se corrompe, no hay una consola desde la que entrar a mirar. Sólo podemos publicar una versión que lo repare desde dentro. Es más lento y a veces más frustrante para todos.
Lo que te da a cambio
La pregunta de dónde están tus datos tiene una respuesta de una línea. No hace falta leerse una política de privacidad de nueve páginas para saber quién los toca: nadie.
No hay nada que filtrar. La mayoría de las filtraciones de datos de los últimos años fueron de bases de datos centrales. Una base de datos que no existe no se puede filtrar, y ése es el único sistema de seguridad que funciona siempre.
No hay coste mensual que empuje el precio. Los servidores se pagan todos los meses, crezcan o no los ingresos, y ese coste acaba en la cuota. Sin esa factura, una suscripción de cinco euros al año es sostenible; con ella, no lo sería. Está contado con más detalle en la guía sobre suscripciones.
Si el estudio desaparece, la app sigue. Ésta es la que menos se dice y la que más debería importar. Una app que depende de un servidor deja de funcionar cuando ese servidor se apaga, y se apaga cuando la empresa cierra o pierde interés. Una app local se queda en tu dispositivo, con tus datos, mientras el sistema la siga admitiendo.
Cómo comprobarlo tú mismo
Todo lo anterior es lo que decimos nosotros, y no tienes por qué creerlo. Se puede comprobar desde fuera, sin ser programador.
Mira las conexiones que hace. Hay herramientas para macOS que muestran a qué se conecta cada app, y en iOS puedes usar un perfil de análisis de red o un router que registre el tráfico. Una app sin servidor propio habla con los servicios de Apple y con nadie más.
Míralo en los ajustes de iCloud. En Ajustes → tu nombre → iCloud aparecen las apps que guardan datos en tu cuenta, y cuánto ocupan. Si los datos están en tu contenedor, salen ahí.
Ponla en modo avión y úsala. Es la prueba más simple y la más elocuente. Si la app funciona entera sin red, es que los datos no estaban en otro sitio.
Lee la ficha de privacidad del App Store. Apple obliga a declarar qué recopila cada app, y mentir ahí tiene consecuencias reales para el desarrollador.
Ninguna de las cuatro depende de que confíes en nosotros, que es exactamente el punto. Una afirmación sobre privacidad que no se puede comprobar desde fuera vale lo mismo que un eslogan.
Preguntas frecuentes
Si no hay servidor, ¿cómo llegan mis datos del iPhone al iPad?
Por tu propio contenedor privado de iCloud. Apple mueve los datos entre tus dispositivos usando tu cuenta, igual que hace con Fotos o con Notas. El estudio no tiene acceso a ese contenedor ni forma de leerlo: es tuyo, no nuestro.
¿Entonces mis datos están en la nube o no?
Están en tus dispositivos y, si tienes iCloud activado, también en tu contenedor privado de iCloud. La diferencia importante no es dispositivo contra nube: es de quién es la cuenta. En una app con servidor propio, tus datos están en una base de datos del fabricante. Aquí están en la tuya.
¿Qué pasa si desactivo iCloud?
La app sigue funcionando entera en ese dispositivo, con sus datos locales. Lo que pierdes es la sincronización con los demás y la copia de seguridad de iCloud. No hay ninguna función que dependa de estar conectado.
¿Puedo sacar mis datos si un día lo dejo?
Ése es justo el motivo por el que importa dónde viven. Al estar en tu dispositivo y en tu cuenta, no dependes de que nadie te los devuelva. Es la diferencia entre pedir una exportación y ya tenerla.
¿No es más frágil que un servidor propio?
En algunas cosas sí, y conviene decirlo. Un servidor propio permite resolver conflictos con reglas a medida, migrar datos de todos los usuarios a la vez y arreglar un problema sin publicar una versión nueva. Sin servidor, cada dispositivo tiene que apañárselas solo y las migraciones viajan dentro de la app.